martes, 27 de septiembre de 2011

UN INFORME REVELA QUE 5 DE CADA 10 RIOJANOS DE ENTRE 25 Y 50 AÑOS NO USA COMPUTADORA.

Imagínese que de pronto todos hablan un idioma que usted desconoce. Imagínese que para hacer un simple trámite le piden que “entre” a algo que no se sabe muy bien dónde está. Imagínese que un niño de cinco años se ríe de usted porque no entiende nada de lo que le dicen. Imagínese que de pronto el mundo a su alrededor cambia y un día se despierta analfabeto. Eso es lo que hoy le ocurre a los millones de personas que en el país no usan computadoras. No son abuelos que se siguen maravillando con la televisión color y el control remoto, sino argentinos que están en plena actividad laboral y con edad para poder deslizarse sin más complicaciones por las ventanas de la pantalla. Pero en la Argentina donde los fanáticos de Facebook baten récords, viven 5,5 millones de personas que tienen entre 25 y 50 años y no usan computadoras. Son el 41% de las personas de esa edad. Los datos surgen de analizar los resultados del Censo 2010. Allí, por primera vez se incluyó una pregunta relacionada con la tecnología: “¿Usa usted computadora?”. Esos números servirán para tener un base cierta sobre cuál es la relación de los argentinos con la tecnología. ¿Pero qué implica en el año 2011 no usar computadoras? “Estamos hablando de analfabetismo digital”, responde Susana Finquelievich, investigadora del Instituto Gino Germani. “Son personas que no tienen acceso a una computadora, pero que tampoco han descubierto para qué sirve. Para ellos, eso significa quedar fuera de una cantidad de relaciones laborales y sociales que ya son parte de la vida cotidiana”. Hugo Scolnik, director de Computación de la Universidad de Buenos Aires, opina que las personas que no utilizan computadoras inevitablemente “comienzan a diferenciarse del resto porque esto las afecta en su productividad, en su acceso a la cultura o en cómo se relacionan con los otros”. Estos datos muestran la manera en que los adultos del país se vinculan la tecnología, un factor determinante en la economía. Pero además, los números trazan un mapa de la desigualdad . Con observar los porcentajes queda en evidencia que en las provincias más pobres y con menos acceso a la educación las diferencias se disparan. Santiago del Estero, por ejemplo, tiene los peores números: casi el 68% de las personas en ese rango de edad no usa computadoras. Porcentajes similares, donde quienes no usan computadoras son mayoría, se repiten en todas las provincias del Norte como La Rioja, que tiene 52% por ciento de su población de ese rango dentro de ese “analfabetismo digital”, y muestran una fotografía de una Argentina ajena al mundo moderno . Son números que se contraponen con una ciudad de Buenos Aires donde el 15,27% de estos adultos utiliza la computadora o con las provincias del Sur, donde también es alto el porcentaje de alfabetización digital. “Las regiones con más alfabetización digital son aquellas que tienen el PBI más alto, donde además su población está ocupada en servicios, es decir que sus trabajadores están en contacto con computadoras. Y también en provincias donde existen universidades importantes”, señala Finquelievich. En contraposición, agrega, donde los adultos que no usan computadoras superan el 50% son provincias “donde se invierte poco en educación, donde los gobiernos no están demostrando un interés por revertir esta situación . Son provincias donde el ingreso per cápita es extremadamente bajo y hay una polarización económica muy marcada”. Estos datos constituyen sólo un bosquejo para saber cuál es el nivel de informatización en la Argentina. Finquelievich sostiene que, como ocurre con el lápiz y el papel, también existen diferentes grados de alfabetización tecnológica. Usar Facebook, mandar mails o mirar videos en YouTube, no necesariamente implican que quien realice esas prácticas sea un alfabeto digital. “Uno, en general, usa la computadora para lo que necesita inmediatamente –dice Finquelievich–, por eso existen diferentes tipos de analfabetismo. Estar alfabetizado implica poder usar el Word o una planilla de Excel, cosas que sirven para trabajar y estudiar, y esto sí es algo que cruza a varias franjas sociales”. Pero ese grado de precisión quedó fuera del censo, en cuyo cuestionario la única pregunta fue sobre el uso de computadoras. Hasta ahora sólo sabemos quiénes usan o no computadoras. Un número sin matices que empieza a mostrar cómo está llegando Argentina al futuro.

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