sábado, 19 de mayo de 2012

LA MINERÍA SUFRE UNA CAMPAÑA DE DESPRESTIGIO SIN FUNDAMENTOS.

Diferentes especialistas del sector de la minería, coincidieron en señalar que la minería es la industria que más se ha desarrollado en la Argentina en esta última década, sin embargo, -apuntan- enfrenta de modo incomprensible una prédica negativa basada en consignas y no en pruebas. Esta industria de base, que en países vecinos es una fundamental fuente de recursos, aquí debe superar una campaña constante de desprestigio y mentiras. Para los que son parte del sector, es llamativo cómo esta campaña de alcance nacional logra por momentos índices de credibilidad bastante significativos, usufructuando el hecho indiscutible de que el pueblo no conoce casi nada de esta industria extractiva, que en países vecinos constituye la más importante fuente de divisas. En Chile, Perú, México, los EEUU y Canadá, la minería resulta un recurso casi indispensable, tanto por la ocupación de mano de obra como por su aporte fundamental al PBI nacional. La industria minera viene sufriendo desde un tiempo a esta parte una situación insostenible, sin que pueda establecerse a qué tipo de intereses obedece una campaña de esta naturaleza. Se hacen acusaciones de todo tipo y calibre sin necesidad de aportar pruebas y así se genera preocupación y alarmas en el ciudadano común, que en nuestro país prácticamente desconoce qué y cómo es la gran minería. También indican que ciertos periodistas y comunicadores nacionales, suelen presentar como verdades inapelables, rodeadas de un sensacional dramatismo, noticias y afirmaciones que llaman la atención tanto por su gravedad como por su absoluta falacia. Por regla general, el grado de virulencia del discurso antiminero resulta ser directamente proporcional al desconocimiento que acerca de las características de esta industria extractiva, evidencia quien lo profiere. No obstante, y a modo de cierta descarga hacia estos sectores, corresponde reconocer que la industria minera nunca se caracterizó como un buen comunicador social, una situación a cuya crisis hoy se asiste en provincias vecinas. La realidad es que la minería ha sido siempre y continúa siendo una actividad lícita en la Argentina, tanto como lo es en nuestros vecinos, pues los métodos que aquí se utilizan no difieren de los aceptados en el resto del mundo. El cianuro que se emplea para la separación de los metales valiosos es de uso universal, sin olvidar que una cabeza recién teñida, o una silla plástica con tratamiento ignífugo o una media sombra, representa una aplicación del cianuro mucho más cercana al ciudadano común que su uso en minería. La esencia del problema estiba en que nadie presenta pruebas de la existencia real de procesos de contaminación, pero tampoco desde la minería se sabe comunicar estas verdades que sostienen a la industria en los países desde hace años, explotaciones de enorme nivel. Nunca se han expuesto evidencias que confirmen la presencia de procesos de contaminación, ni se han podido demostrar ciertas denuncias asombrosas sobre violación a los derechos humanos, ni sobre la desaparición de actividades agropecuarias tradicionales en las cercanías de Bajo la Alumbrera, ni en Veladero, ni en cerro Vanguardia, ni tampoco sobre derrames de cianuro o variaciones del pH (acidez) en los arroyos cordilleranos, ni sobre las características primarias o posterior afectación de la vida natural en cada área de influencia. Los especialistas afirmaron que son numerosos los artículos y programas que pretenden aportar a la población datos y análisis absolutamente falsos, incompletos o tergiversados, los que por lógica son erróneos o contradictorios a hechos conocidos y comprobables- Y así se contribuye a la incultura general. Es fundamental divulgar los hechos tal como son en la realidad, planteando que todas esas afirmaciones presuntamente "heroicas, que se hacen sobre la minería necesitan ser probadas, pues el tratamiento o abordaje de los problemas relacionados con conocimientos técnicos o científicos se basan en el análisis sin prejuicios de los hechos, siendo inaceptable que solamente se utilice como fuente de datos una simple especulación, muchas veces (quizá demasiadas) orientada a servir de sustento a inconfesados fines políticos, concluyeron.

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