lunes, 30 de agosto de 2010

UN DESAHOGO JUDICIAL PARA MENEM CARGADO DE SUSPICACIAS.

En el verano pasado, la flamante oposición en el Congreso nacional, surgida de los comicios del 28 de junio de 2009, creía que se haría un festín con el oficialismo kirchnerista. Pero las flaquezas y los errores propios dejaron a ese nuevo núcleo multifacético a mitad de camino. Entre los protagonistas de esos derrapes, el senador riojano Carlos Menem fue una pieza clave a la hora de salvar al kirchnerismo de sonoras derrotas en la Cámara Alta. Dos botones de muestra: el 24 de febrero, Menem se quedó jugando al golf en La Rioja y tumbó el plan opositor de lograr quórum propio para imponer su plan de reparto en las 27 comisiones. Triunfo de la Casa Rosada. El 14 de abril, el ex presidente volvió a ser funcional al kirchnerismo: se abstuvo de votar y Marcó del Pont fue ratificada como titular del Banco Central. Ya por esos días se rumoreaba en los pasillos del Congreso que Menem había cambiado apoyos y faltazos en su banca por una situación menos complicada en las causas judiciales que lo tienen a maltraer desde que dejó el poder, en 1999. Se dijo, incluso, que quien estaba detrás de esas operaciones con allegados a Néstor Kirchner era el secretario privado de Menem, Ramón Hernández. El ex presidente y hoy parlamentario celebró que la Cámara Federal de Apelaciones de Córdoba lo haya dejado a salvo de un juicio oral y público por la tragedia de 1995 en la Fábrica Militar de Río Tercero. ¿Fue ésa una derivación de aquellas conductas complacientes de Menem en el Senado? ¿Se reiterará este cambio de atenciones cuando concluya el juicio que se ventila en Buenos Aires por el contrabando de armas a Ecuador y a Croacia, una causa emblemática de la corrupción en el país durante la década del menemismo en el poder? Otro factor que pone de mal humor a los querellantes en el caso Río Tercero radica en que uno de los camaristas que ayer contribuyó a atenuar la situación de Menem en el expediente sea Ricardo Bustos Fierro. Este magistrado con competencia electoral habilitó, en 1995, la re-reelección de Menem como jefe del Estado. Bustos Fierro había fallado a favor de una petición que le hicieron los muchachos del justicialismo cordobés, con José Manuel de la Sota a la cabeza. Aquel sueño de perpetuidad se derrumbó, pero Bustos Fierro quedó como el juez que dio curso a un capricho de Menem que le estaba vedado en la letra de la Constitución Nacional.

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