
Existen cuatro indicadores que dan cuenta de este proceso:
• El coeficiente de Gini es un indicador utilizado mundialmente para medir la distribución del ingreso (0 representa una perfecta igualdad y 1 una total desigualdad). El Gini del tercer trimestre fue de 0,457 mientras que a fines de 2008 era de 0,450. El coeficiente de la Argentina es mejor que el de Brasil o México, pero está por debajo de los países europeos o de la media histórica del país durante la década del 80.
• El 10% de los trabajadores más pobres (995 mil personas) ganaba a fines de 2008 215 pesos en 21 horas semanales, mientras que durante el año pasado debieron trabajar 22 horas para cobrar 234 pesos. Estos trabajadores no llegan ni a comprar la canasta que utiliza el INDEC para medir la indigencia, que cuesta 490 pesos y sólo incluye alimentos.
Distinta fue la situación del 10% más rico: tiene ingresos que pueden superar los 50 mil pesos mensuales y a fines de 2008 el salario promedio era de $ 4.597, mientras que la media actual es de 5.320 pesos.
• El 20% de los trabajadores se apropia del 4,2% de la masa salarial, mientras que a fines de 2008 era del 4,3%. El 10% más rico alcanzaba el 28,1% pero ahora obtiene el 28,5% de la torta.
• Los ingresos totales del 10% más pobre de la población (2,5 millones de personas) suman 309,8 millones de pesos, mientras que los del 10% más privilegiado alcanzan los 8.715,4 millones de pesos. Así, los más ricos ganan 28 veces más que los más pobres. “Los más pobres fueron los que más se empobrecieron porque se registró una caída en el nivel de empleo formal e informal, y sumado a un sostenimiento de los sectores más altos se produjo un aumento de la brecha”, explicó el titular del Observatorio Social de la UCA, Agustín Salvia. El economista planteó dudas sobre la veracidad de los indicadores oficiales porque según sus estimaciones la brecha se agrandó en comparación con 2008. El Gobierno pone la lupa en el aumento del costo de vida que se aceleró durante las últimas semanas porque impacta principalmente sobre los más desfavorecidos. En la Casa Rosada reconocen que si pretenden disminuir la brecha deberán poner todas las fuerzas en evitar que se disparen los alimentos, porque los más pobres invierten la totalidad de sus ingresos en alimentos.
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