lunes, 23 de agosto de 2010

JULIO MARTINEZ: "LA REUNIÓN DE ANGUINÁN REFLEJÓ LA PÉSIMA CALIDAD INSTITUCIONAL DE LA PROVINCIA".

Al leer y repasar las opiniones políticas sobre lo ocurrido en la semana en los distintos medios de comunicación, tuve la sensación de estar frente a relatos típicos de cuentos infantiles, perfectamente ambientados en la Edad Media, en el período feudal, y que nos hablaba de un festejo principesco donde se disponía una mesa colmada de manjares regados por los mejores vinos.A este festejo asistieron los súbditos más “leales”, los lacayos preferidos y el “gran monarca” era su anfitrión. El relato continúa narrando de las alabanzas y loas hacia el monarca, y sobre la necesidad de elaborar un discurso común que tranquilice al molesto y nervioso pueblo que se anda queriendo revelar, por no contar en su cotidianeidad, en su mesa, en su trabajo, en su vida, los mismos placeres con los que ellos cuentan, todo lo contrario. Lo que más me llamó la atención, es que las opiniones, análisis, y observaciones de lo que pasaba, lo hacían cual emperador romano que recién se llegaba a conocer y tomar contacto con la realidad de una lejana provincia conquistada recientemente, y no como los actores, guionistas y protagonistas por más de 27 años, de la realidad que los rodea y que ese pueblo molesto y nervioso padece. En el acto se me vino a la memoria ese cuento infantil que habla de un rey que pide los mejores vestidos y originalidad permanente al confeccionarlos, para luego hacer gala de su estética, pero que cuando un modisto lo pasea desnudo, ningún súbdito se atreve a decirle la verdad por temor a represalias, por continuar con la tradición de alabanzas permanentes. Hasta que surge alguien en un desfile que le grita que va desnudo y el resto del pueblo asiente con este ciudadano humilde y trabajador y adhiere a su mirada y a su afirmación. ”El traje del rey” creo que se llamaba. Tal como en el cuento, en este encuentro realizado en Anguinán, mientras los dirigentes “leales” al gobernador se esforzaban en alabar sus virtudes, y en aunar criterios discursivos, nadie se animó a relatarle que en la capital un numeroso grupo de ciudadanos que viajaron desde distintos departamentos de la provincia, se estaban manifestando en contra de la necedad del gobernador, de impulsar la explotación minera a cielo abierto. Más aún, nadie le dijo que en esa movilización, él también oficiaba de orador, ya que mostraron a toda la provincia su discurso de cuando estaba en contra de la minería. Tampoco tuvieron ni tienen en cuenta a los 15.000 jubilados que están esperando de la aprobación del 82% móvil para mejorar su calidad de vida, ya que el gobernador instruyó a sus legisladores a que voten en contra de estos ciudadanos y de sus intereses, en contra de una justa distribución de la riqueza, en contra de la pregonada pero no ejercida, justicia social, sin argumentos coherentes y por el solo hecho de agradar y ser obedientes con el gobierno nacional. A pesar de ser adictos a encargar encuestas, no existió quién fuera lo suficientemente honesto y le dijera al mandatario que constituye un error no aceptar ni asumir los resultados que estas tiran, ya que expresan que su imagen, la percepción que tiene que tiene la gente de su gobierno y funcionarios, no es la que todos ellos pretenden, porque los números no le son favorables, cada vez son más adversos. Y cómo podría ser de otra manera, si con leer los nombres de quienes asistieron a esa reunión, son los mismos personajes de hace décadas, con las mismas prácticas obsoletas. Son los representantes del pasado, los responsables de la miseria en la que vive la provincia, reflejo de la desigualdad y de las políticas que la construyeron y que cada vez son más grandes. Son los personajes que mantienen la pésima calidad institucional en desmedro de la provincia responsable y controlada que pregonan. Pero como en el cuento, hay quienes advierten y muestran estas verdades que a pesar de pretender ser tapadas, son cada vez más palpables. Porque como cualquier etapa de la historia, los ciclos se cumplen y terminan para dar comienzo a otro que marque el rumbo de lo nuevo, de la esperanza.

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