martes, 21 de septiembre de 2010

LA INFLACIÓN DE "VIVIR CON LO NUESTRO".

El jueves pasado, Cristina Kirchner envió al Congreso un proyecto de presupuesto que incluye entre sus recursos US$ 7509 millones que serán sacados de las reservas del Banco Central. El mismo día, por la mañana, el directorio de ese banco, con el voto negativo de dos de sus miembros, destinó al Tesoro $ 20.205 millones de utilidades devengadas, es decir, registradas en los libros, pero que no se produjeron en la realidad. Con esos dos movimientos, la Presidenta elaboró su propio Plan Primavera. Sólo que, al revés de aquel otro de Raúl Alfonsín, éste se dirige a acelerar la carrera de los precios, no a detenerla. La inflación estará entre los ejes centrales de las próximas elecciones presidenciales. Se trata de una enfermedad arcaica, que en la región sólo padecen Venezuela y la Argentina y que hace juego con ese mundo setentista, en blanco y negro, en el que viven los Kirchner. Las reservas y las utilidades que el Central gira a Economía representan el 50% de las necesidades de financiamiento del Gobierno. Esos fondos se generan emitiendo dinero. Si se agregan los adelantos que la entidad también transfiere a Hacienda, se llega a una suma que fluctúa entre el 25% y el 30% de la base monetaria (es el efectivo en manos del público, depositado en los bancos y depositado por los bancos en el Banco Central). Los expertos consideran que esa expansión asegura para 2011 una inflación mínima del 25%. Como el gasto público crece a una tasa del 35% y las paritarias se pactan también en ese nivel, el oficialismo ha decidido confiar en el anclaje cambiario como única medida para contener la escalada de los precios. Esta propensión del kirchnerismo a generar inflación se está instalando en el corazón del debate público. Es posible que el conflicto sucesorio, el año próximo, se desarrolle en un clima económico distinto del actual. En las provincias se escucha una queja cada vez más frecuente: "Con el dólar casi planchado y una inflación del 30%, nuestros productos quedan fuera de competencia frente a los de Brasil, Chile o Perú". Lo decía un productor agropecuario, el miércoles pasado, en Mendoza. Por otra parte, los dueños de supermercados minoristas están detectando una caída en el volumen de ventas. Las estadísticas de la industria de la alimentación confirman el dato anterior: comienza a haber una retracción en la demanda de artículos de consumo de los segmentos más postergados, que ven cómo sus ingresos se rezagan en relación con los precios. Se trata de una población que opera en la informalidad, que por lo tanto carece de defensa sindical y a la que el oficialismo cuenta como propia en sus cálculos electorales. Con la inflación, el gobierno nacional y popular produce pobres. La oposición machacará en adelante sobre ese ángulo de la política económica. El diputado Alfonso Prat-Gay, por ejemplo, sostuvo en un diálogo con LA NACION que la escalada de los precios ya no es una consecuencia no querida de la gestión oficial, sino que "es el pilar de la economía kirchnerista, porque es el modo que ha elegido el Gobierno para financiarse y, entre otras cosas, pagar a los acreedores". También Ricardo Alfonsín, acaso revisando algunos criterios de su padre, describe la escalada de los precios como un rasgo conservador del kirchnerismo: acaba de detectar que si se redujera la inflación en sólo cuatro puntos se podría prescindir de la asignación universal por hijo o dedicar esos recursos a otras formas de promoción humana. El Comité Nacional de la UCR acaba de preparar un trabajo comparativo para demostrar con ejemplos de la región que, contra lo que sugiere el Gobierno, se puede muy bien crecer sin que los precios se descontrolen. El enfoque social de la inflación servirá de marco a la discusión del presupuesto que se iniciará esta semana. En esa guerra habrá algunas batallas acaloradas, como la referida a la apropiación de las reservas del Banco Central por parte del Tesoro. El Fondo del Bicentenario, que con su creación desató una crisis durante el verano pasado, fue ahora incorporado por Cristina Kirchner como un recurso corriente con US$ 7509 millones. Hay diputados, como Jorge Triaca (Pro), que anticipan que ese artículo expone todavía más al país a los embargos del juez Thomas Griesa, ya que convalida la tesis de que las reservas operan como una caja ordinaria del fisco. Mañana se reunirán en la Cámara baja las principales espadas económicas de la oposición. Es muy posible que rechacen esa depredación de los activos del Central con la que los Kirchner piensan financiar buena parte de su campaña electoral. Los diputados del oficialismo se ufanarán de que las reservas que se consumieron al comenzar el año ya fueron repuestas, gracias al superávit que registró la balanza comercial. Desde la otra vereda les harán notar que para comprar esos dólares hubo que emitir pesos a destajo, con el consecuente efecto inflacionario. En otras palabras: el récord de reservas del Banco Central lo pagan más los más pobres. La discusión que se inicia en el Parlamento se vino desarrollando en estos días en el directorio del Central. El jueves pasado se distribuyeron utilidades por $ 20.205 millones, de los cuales ya se habían adelantado $ 4500 millones. Los directores Zenón Biagosch -que llegó al banco de la mano de Roberto Lavagna- y Carlos Pérez -álter ego de Martín Redrado en la Fundación Capital- se opusieron a ese jubileo, con el argumento de que degrada los activos de la entidad y, por lo tanto, la deja más vulnerable para enfrentar un evento de inestabilidad. Este debate es la continuación del que se libró hace pocas semanas, cuando Mercedes Marcó del Pont amplió el programa monetario que había heredado de Redrado. Con el argumento de que su antecesor había menospreciado el crecimiento y el superávit comercial, Marcó del Pont dispuso un incremento en la emisión de moneda del orden de los $ 20.000 millones. Una casualidad: la misma cifra que le demanda el Tesoro y que, sin esa reformulación, ella no habría podido proveer. Antes de viajar a Nueva York, pasado mañana, Cristina Kirchner convalidará esta política. Marcó del Pont, cuyo mandato vence el viernes próximo, será propuesta de nuevo para el cargo. La predilección de la Presidenta por esta funcionaria pudo más que el lobbying que ejercieron en su contra un par de banqueros importantes. Tampoco Julio De Vido tuvo éxito en su fantasía de ver en el Central al presidente del Nación, Juan Carlos Fábrega, y a su segundo Roberto Feletti en el Nación. Se frustró también Amado Boudou, que vigila a la economista de la franca sonrisa a través de Benigno Vélez, gerente general del banco. Con Marcó renovará su cargo Miguel Pesce, sobreviviente del radicalismo K, que conserva las heridas del duelo con Redrado: Elisa Carrió lo colocó en su infierno particular, y los radicales Gerardo Morales y Ricardo Gil Lavedra le iniciaron una causa penal. La discusión de los pliegos de Marcó y Pesce se cruzará en el Congreso con la de la política monetaria. Los otros directores con fecha de salida, Biagosch, Arnaldo Bocco, Arturo O´Connell y Waldo Farías, dejarán la entidad. Los cargos quedarán vacantes. Inigualables a la hora de producir rarezas, los Kirchner han conseguido dotar al Banco Central de cierta vibración política. No es para menos. De esa casa saldrá el 50% del dinero que el Gobierno necesita para financiarse el año que viene. La operación tiene un costo, ya que, para esterilizar el dinero emitido, el Central suscribe letras a una tasa superior al 12%. En el fondo de esta dinámica palpita otra excentricidad llamativa: la Presidenta y su esposo cumplen sus obligaciones con los prestamistas como el más religioso de los deudores; sin embargo, en vez de hacer valer esa conducta para financiarse en el mercado, prefieren "vivir con lo nuestro" y generar inflación. Como si el aumento de la pobreza fuera, en vez de una calamidad, un objetivo.
Carlos Pagni. LA NACION

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