La última estrategia política esbozada por Néstor Kirchner antes de morir fue recogida por la presidenta Cristina Kirchner, que la impartió como orden a los ministros y funcionarios que diseñan el mapa electoral de 2011: expandir la base de la alianza electoral con miras a las elecciones presidenciales del año próximo. Durante la primera semana tras el fallecimiento de Kirchner, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, y el jefe del Gabinete, Aníbal Fernández, se comunicaron con todos los gobernadores oficialistas y con intendentes, especialmente bonaerenses. Se puso en marcha el operativo para que cada distrito amplíe en su tierra la alianza oficial. "Se intentará aprovechar el efecto luna de miel con la sociedad que tendrá el Gobierno tras la pérdida del líder", confió una alta fuente oficial. En silencio, así, la Presidenta puso manos a la obra, aunque sin decirlo, en el plan de su propia reelección en 2011. A muchos gobernadores se los vio visitar a Randazzo en Balcarce 50. Otros conversaron por teléfono con él y con Fernández. Los funcionarios transmitieron dos directivas de la Presidenta: Consolidar el proceso de gestión en todos los distritos e impulsar las obras públicas con miras a 2011. Darles mayor apertura a distintos sectores para expandir el frente electoral que apoye al Gobierno. En el plano nacional, la Casa Rosada imagina que podría tentar al diputado Felipe Solá, del Peronismo Federal, que expresó elogios a Kirchner tras el fallecimiento. Los allegados a Solá respondieron que por ahora no hablará del tema. También especulan en Balcarce 50 con tender un puente hacia el gobernador de Chubut, Mario Das Neves, otro candidato presidencial crítico del kirchnerismo. Eso buscaría romper al Peronismo Federal. No hay relación posible con Eduardo Duhalde -que ayer ratificó su intención de ser candidato a presidente- ni con el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá. "Ellos piensan muy distinto de las políticas del Gobierno; son nuestro límite", dijo un allegado a Randazzo.Todas las operaciones serán monitoreadas por Cristina Kirchner, que, tal como informó ayer LA NACION, ordenó a sus operadores políticos que "todo lo que conversaban" antes con Kirchner sobre el diseño electoral lo deberán tratar a partir de ahora con ella. No presidirá el PJ en lo formal, pero será la diseñadora del esquema político. Otro blanco de esas alianzas es el socialismo. En la Casa Rosada fantasean con seducir al gobernador de Santa Fe, Hermes Binner. Sus diputados apoyaron al oficialismo en el proyecto de presupuesto 2011 y Binner tendrá apoyo financiero oficial para la Ciudad de la Música en Rosario. Pero Binner avanza en su alianza con Ricardo Alfonsín para formar una fórmula presidencial con la UCR. "Sabemos que es difícil, pero lo vamos a intentar", decían ayer en el Gobierno. También imaginan un acuerdo implícito con Fernando "Pino" Solanas, de Proyecto Sur. "Si Pino depusiera su candidatura presidencial y se postulara en la ciudad, ya ayudaría mucho", dijo un operador, enigmático. Randazzo anudó la alianza con el Frente Grande hace dos semanas y sumará organizaciones sociales y agrupaciones juveniles. El Gobierno asegura que respetará las elecciones primarias abiertas del 14 de agosto de 2011 y que no adelantará las elecciones de octubre, como se había analizado en el entorno presidencial tras la muerte de Kirchner: rápidamente se descartó. Se temía un vacío de poder y se imaginaban salidas para ir a elecciones en un pico de popularidad presidencial. Hacia adentro del PJ, la Presidenta cerró un acuerdo con José Manuel de la Sota como candidato a gobernador en Córdoba. Y en Buenos Aires se acercó a los intendentes díscolos del Grupo de los Ocho, que lideran Sergio Massa, de Tigre; Pablo Bruera, de La Plata, y Jesús Cariglino, de Malvinas Argentinas. Randazzo los juntó a ellos y al resto de los intendentes del PJ en el acto de Berazategui, anteayer. Dos elementos apaciguaron los ánimos entre el Gobierno, los intendentes y el gobernador bonaerense Daniel Scioli: ya no se habla de listas colectoras, perjudiciales para los caciques territoriales. Y hay certeza de que la Presidenta sólo tendrá, a lo sumo, un solo mandato por delante. No habrá alternancias por 8 o 12 años. Eso anima a los dirigentes a planificar su futuro.

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