martes, 8 de diciembre de 2009

JOSE LUIS BELLIA Y TOMÁS OLMEDO ESTUVIERON CENANDO EN BS. AS. CON EL PODER RADICAL.

Aunque los embargara la euforia, tampoco pudieron explicarse los radicales cómo les irá en las elecciones de 2011 con un Julio Cobos como candidato, hasta ahora fatal. Demostraron ese ánimo cuando se reunieron en el restorán Lalín, del barrio de Congreso, el jueves a la noche, después de la sesión preparatoria, para festejar lo que creen fue un triunfo retundo por sobre el kirchnerismo. Entre cantos de «volveremos como en el 83», brindis, abrazos y alegría infinita -algo poco frecuente en la UCR, tan castigada por la historia-, se mezclaron con mirada vigilante los dos sectores del partido que, a las pocas horas, elegirían a Ernesto Sanz como nuevo presidente del partido, según la sección Charlas de Quincho del diario Ámbito Financiero. Por un instante, simularon una unidad que tiene poca sustancia, ésa que alcanza a los partidos en la buena hora, cuando creen que son los dueños del futuro. La mesa principal estaba en manos de Gerardo Morales, el senador Juan Carlos Marino y Ángel Rozas, del ala anticobista. Acercaron a una invitada que quizás se equivocó de cena, la diputada Patricia Bullrich -presencia tan rara como la del economista Javier González Fraga; «se nos quedó de la época de Lavagna», ironizó uno-, y a un emblema como el titular de la Auditoría de la Nación, Leandro Despuys. Cuando llegó, aunque es el alcaloide del cobismo, toleraron que se sentase el jefe de la bancada Oscar Aguad, hombre de pelo entrecano (no se sabe cuán joven o viejo es) y un gesto de ojos entrecerrados que rehúye fijar sobre el que intente mirarlo, quien dedicó un largo panegírico a Morales, su principal adversario en el partido, y huyó hacia otra cena en el restorán Dorá, en la cual lo esperaban el cobista Daniel Katz (nuevo vicepresidente del bloque de la UCR, partido del cual aún está expulsado) y el macrista Federico Pinedo, con quienes integra la mesa chica de negociación de la oposición con el Gobierno a la que pertenecen también Adrián Pérez y Patricia Bullrich (sector Carrió). Estrellas de la jornada, Ricardo Alfonsín (quien también habló) y Ricardo Gil Lavedra se sentaron al fondo; llegaron pasada la medianoche y les atizaron el clásico menú radical (entrada de jamón con rusa y aceitunas, paella -algo fría a esa hora, pero el pollo con arroz- y casata de postre), y gozaron del saludo de eufóricos radicales de todos los palos que les prometían apoyos para la elección de autoridades del viernes. Se mezclaron en ese besamanos Mario Negri, Aldo Neri, Mabel Bianco, Carlos Maestro, José Zavalía, Emilio Rachid, Hilma Re (la puso Negri en nombre de Carrió en la lista de diputados nacionales por Entre Ríos y fue una revelación: ganó la elección), Mario Olmedo y José Luis Bellia (La Rioja), los misioneros María Losada y Raúl Salmoirago; los bonaerenses Daniel Salvador, titular del Comité Provincia; Juan Manuel Casella; Melchor Cruchaga; Ricardo Campero; Maximiliano Abad; Nicolás Andrada y Miguel Bazze; el puntano Walter Ceballos; el mendocino Luis Borsani; por Río Negro, Fernando Chironi; los sanjuaninos Juan Minguez, Fredy Marún y Mario Capello; los porteños Jesús Rodríguez y Carlos Mas Vélez, titular del Comité Capital; el santacruceño Ricardo Patterson; los senadores Luis Naidenoff, Alfredo Martínez, Emilio Rached y José Cano; el auditor Alejandro Nieva; el intendente de Capitán Bermúdez (Santa Fe), Fabián Varela; y el presidente de la Fundación Alem, René Bonetto, entre otros. Del armado de las mesas quedó clara la división partidaria: el sector llamado Rosario (por la última cumbre partidaria en esa ciudad), que puso a Sanz presidente y que colocó la mayoría de la nueva cúpula (relación 8 a 7) frente al cobismo, que se inflama contra un enemigo que no estuvo en esa cena, Elisa Carrió, a quien ven cada día más como un fantasma que puede amenazar la candidatura del vicepresidente. Sobre Cobos, hoy rodeado de la Coordinadora más rancia, pesan sospechas. Se preguntan los radicales qué ocurriría con él en el caso de que debiera reemplazarla efectivamente en la presidencia a Cristina de Kirchner, si se dieran algunas de las circunstancias previstas en la ley de acefalía. Ha mandado a responder por terceras personas que, en ese caso, renunciaría de inmediato para dejarle la presidencia de la Nación a José Pampuro. Lo que buscaría evitar es gobernar en el mandato kirchnerista para no someter la administración al trauma de elegir nuevos elencos y nuevos proyectos en el corto plazo, que le arruinarían las ilusiones en el largo.

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